Tinselcity

Todos tenemos anécdotas de algún proyecto, de algún jefe, de algún compañero, de un cliente, de algo que salió mal, de algo que salió bien…

Una vez en un proyecto...

Yo tengo muchas. Quizá porque me fijo mucho en las cosas. Quién sabe.

A veces he pensado en escribirlas. A veces, alguna persona me ha pedido que las escriba, que escriba un libro, que sería interesante. O divertido. O instructivo. O qué sé yo. Esa siempre ha sido una de las dudas que me generaba la idea: ¿Qué tipo de libro sería? ¿Gracioso? Simplemente para pasar el rato y reírse un poco. ¿Serio? Con intención de enseñar algún tipo de moraleja. ¿Entretenido? Algo que leer un rato y luego olvidar.

Lo confieso: abandoné ya la idea de escribir un libro hace mucho tiempo. Por muchos motivos, pero principalmente porque me parecía una idea pretenciosa. Nunca he creído que esas anécdotas que tengo yo sean más interesantes que las miles que tengan otros. Tampoco creo que mi forma de contarlas sea particularmente buena. Hacer un libro solo por hacerlo… meh.

Eso sí, no he olvidado las anécdotas en sí mismas. Las tengo ahí, en la memoria, en trozos de pequeños escritos que me sirven de memoria auxiliar. Y no se trata solo de conservarlas por conservarlas. Lo cierto es que las utilizo.

Las uso para explicar cosas, para poner ejemplos y contra-ejemplos, para enseñar cuando surge una situación que se puede entender mejor viendo otra situación similar real. Las uso para sacar de ellas lo que se puede sacar. Para aprender, para mejorar.