Nonsense

Reconozco que le doy muchas vueltas al tema de las entrevistas, los anuncios y las ofertas de trabajo para programadores. ¿Quizá demasiadas? No lo sé. Es un tema que me interesa porque me afecta directamente, claro. Pero no creo que sea por eso por lo que le doy tantas vueltas. Me temo que lo que me atrae y me seduce del asunto es lo ridículo que es en general y la patente falsedad que todos intentamos ignorar como en una especie de alucinación colectiva consensuada.

Llevo años recopilando (y periódicamente perdiendo, lo siento) colecciones de anuncios. Anuncios que demuestran estas cosas. Ofertas que piden imposibles, ofertas que no saben lo que piden, ofertas que intencionadamente tratan de ocultar lo que piden. En alguna ocasión he llegado a jugar con alguno de estos ofertantes, pero al final, la actitud preponderante hace que el juego sea sólo un inútil entretenimiento. No aporta nada más.

En el fondo creo que el problema es que hay una importante desconexión entre las partes y la culpa recae sobre todos los involucrados.

Hace un rato, casualmente he llegado a leer un texto que escribe David Bonilla. Desde un respeto distante, hace tiempo que no leo lo que escribe -el porqué no es relevante- pero a veces por referencias, por enlaces que llevan a otros enlaces, acabo leyendo algo de lo que dice. No sé bien cuál es el objeto exacto del texto, porque me he quedado en el primer párrafo.

[…] estoy trabajando en un proyectito –un side project- para intentar poner en contacto a empresas que busquen talento tecnológico y a profesionales con ese talento que busquen que lo valoren.

En principio suena interesante, y me puedo imaginar a mucha gente que leyendo esto se haya sentido interés. Pero la forma en que está dicho me ha impedido ir más allá. Los detalles a veces son importantes.

No puedo juzgar la intencionalidad del comentario, claro, pero tampoco puedo evitar fijarme en ese detalle. Las empresas descritas “buscan talento”. Los programadores con talento, buscan que lo valoren. Pero nada dice que “buscar talento” sea “valorarlo” y, de hecho, son cosas extremadamente diferentes.

Cualquiera busca talento. El talento es simplemente aptitud, capacidad para realizar algo. Sería absurdo, en general, para una empresa buscar específicamente personas que carezcan de la aptitud necesaria para hacer el trabajo que quieren que haga. Podríamos dejar al margen el caso de buscar a personas para formarlas, pero en realidad incluso cuando buscamos eso, estamos buscando a alguien que sí tiene aptitud, de lo que carece es de conocimiento específico o experiencia. Puede haber motivos para buscar expresamente personas sin talento, pero creo sinceramente que son situaciones especiales y aisladas.

De modo que la referencia a “empresas que buscan talento” no dice nada. Es como decir, “cualquier empresa”. Y en lo que cae David sin darse cuenta, y caemos igualmente todos, es en la asunción de que si lo buscan es porque lo valoran de algún modo especial.

Lamentablemente no es así. La gran mayoría de empresas -no todas, pero sí la mayoría que puede pasar el baremo simple de buscar talento- realmente no lo valoran de un modo satisfactorio para la otra parte mencionada, esos profesionales que explícitamente quieren que ese talento sea valorado. Sólo asumimos que porque lo piden, porque lo buscan, porque proclaman ridiculeces como sólo contratar a los mejores, que por esas cosas que dicen entonces será que valoran ese talento.

En fin, no tengo una solución… Puf, nunca tengo soluciones. En este caso quizá es que la solución no sea posible. Quizá todo esto es algo que está en la propia naturaleza humana (o quizá no, eh, yo qué voy a saber). Quizá sea simplemente el problema de siempre de que la sinceridad tiene desventajas y tiende a perder. ¿Sería posible un mercado de ofertas de empleo brutalmente sincero? ¿Sería mejor? ¿Peor? No lo sé, pero lo que sí sé es que el sistema actual es, salvo pequeñas excepciones, una farsa en la que todos participamos.