Tinselcity

Nota: Sí, casi seguro que lo que sigue desvela algunas cosas del argumento y desarrollo de la serie. No voy a contar el final, ni nada así, pero seguro que cuento alguna cosa que preferirías no saber si no has visto la serie aún.

Babylon (anime)

Hace ya unas semanas que vi Babylon, ahora, pasado algo de tiempo, me apetece escribir un poco sobre ello.

Babylon es una serie de 12 episodios. Hasta donde yo sé, eso es todo. No he oído hablar por ahora de más temporadas, continuaciones, ni nada. Podría haber continuación; la historia deja esa opción. También puede quedarse así y aunque el final quede bastante abierto, no creo que eso sea demasiado importante.

La animación no es ninguna maravilla. Se trata de una animación funcional, sin alardes y probablemente sin mucho presupuesto para poder hacerlos. Tiene algunas escenas, quizá una o dos, especialmente bien filmadas, pero más allá de eso, la animación simplemente sirve a la historia.

Pero ni siquiera es esta, la historia, el foco de la serie. Si se mira con objetividad, la historia tampoco es especialmente interesante o llamativa. Es más, tiene evidentes problemas de desarrollo, situaciones absurdamente irreales -no por su imposibilidad sino por lo forzada que resulta su improbabilidad- y en general las explicaciones que la sustentan son insuficientes y superficiales. Lo que ocurre es que igual que la animación sirve a la historia, esta a su vez sirve al verdadero motor de la serie. Y este es el mensaje que hay debajo.

O quizá, igual que ocurre en la ficción de la serie, lo que quiere no es transportar un mensaje específico sino plantear un debate, y hacerlo estableciendo este mensaje como punto de partida.

La vida y la muerte, el bien y el mal

De esto se trata. Y aunque es un tema relativamente clásico en la literatura -incluyendo al cine y demás-, el tratamiento es más o menos original.

Todo parte, y gira alrededor, del suicidio. Arranca con una propuesta curiosa: ¿Qué haría la gente si el suicidio fuera legal? Obviamente utiliza ese punto, la legalidad, porque efectivamente en la mayoría de países el suicidio está considerado como algún tipo de delito. Por tanto, proponer su legalidad es algo que directamente llamaría la atención de la sociedad en general. Pero creo que en parte es una excusa. La propuesta real es independiente de la ley: ¿Qué pasaría si viéramos el suicidio como una opción socialmente aceptable?

La historia, a partir de ahí, es una confusa mezcla entre el debate moral y un desarrollo paralelo más típico de una serie de misterio y asesinatos. Es aquí donde más falla Babylon. Es comprensible porque si solo nos quedamos con la parte, digamos, “más filosófica”, seguramente habría resultado ser un tostón. Más aún, seguramente habría sido mucho más banal e intrascendente. De modo que tenemos que hacer esa concesión para permitir que la serie pueda expresarse. Quizá no lo haga de la mejor forma posible, pero por lo menos lo hace. A lo mejor es que lo que se plantea es demasiado serio, demasiado fundamental para poder ser expresado con una historia, pero está claro que a veces estas ayudan a transmitir un mensaje.

Lo que plantea Babylon es, inicialmente, la idea de aceptar el suicidio. Quizá sea una solución aceptable, dice. Para ciertas personas en ciertas situaciones puede que sea la mejor salida, nos plantea. Y una vez planteado esto, lo discute con tres puntos de vista.

Por un lado está el punto de vista origen de todo. Está representado por Itsuki, el alcalde que propone la nueva ley, aunque la representación es más bien impersonal e incluye a otros personajes varios que en general tienen poca relevancia en sí mismos. Por otro lado está el protagonista, Zen, que mantiene la perspectiva más humana: No sabe exactamente por qué, pero entiende de alguna forma que no, que el suicidio no es “bueno”. La tercera perspectiva es simplemente el propio debate interno de la inteligencia. Representada por un absolutamente ridículo -externamente- Presidente de los EEUU visto muy claramente como “líder del mundo”. Es este un líder del mundo que se presenta como la personificación de la razón, como alguien pausado, calmado, que dirige todas sus decisiones con inteligencia y cuidado buscando siempre llegar a la raíz de la cuestión.

Entre estos tres puntos de vista se mueve una especie de escenificación del diálogo interno del autor original -Babylon está basado en una novela anterior-. Por un lado está el desapego. ¿Qué más da la vida? - parece decir el primer grupo. Realmente ¿para qué estamos aquí, para sufrir? ¿Y si no queremos sufrir? ¿Por qué debería ser esa una mala opción? Por otro lado está la confusión pero el empeño de Zen, del hombre común. Eso no puede ser bueno, no puede estar bien. No sé explicar por qué pero no tiene sentido. No debemos dejarnos llevar por la fatalidad. Y por último, poniendo orden entre los dos sentimientos, está la razón. Pensemos despacio. ¿Qué es el bien? ¿Qué es el mal? ¿Para qué sirve la vida? Si encontramos la respuesta a esto, esta nos guiará de forma obvia hacia la solución correcta.

Al final, el mensaje es claro, y no se complican mucho al contarlo: Lo bueno es la vida. Lo bueno es seguir. Seguir luchando, seguir adelante, seguir progresando. Lo bueno es “continuar”. Dejarnos llevar por la desazón y la desesperanza no nos puede llevar a nada. Se acabaría todo sin más. Eso no puede ser bueno.

Valoración y otros asuntos

Como decía al principio, la serie no es gran cosa, a nivel visual, técnico, o narrativo. Tiene algunas escenas efectivas e inquietantes, y es obvio que intenta cortar los episodios en momentos precisos para mantener el interés y la atención. Más allá de eso, creo que a bastante gente no le gustará y a otra mucha le dejará indiferente, sobre todo por esa austeridad y por los problemas indicados.

A pesar de eso, creo que es interesante, incluso que es recomendable. Necesita, eso sí, una cierta predisposición a querer plantearse el debate. Es un tema sobre el que es bueno reflexionar. ¿Por qué vivimos? ¿Por qué seguimos adelante? Me temo que hoy en día hay demasiada gente que o bien ni siquiera se lo plantea o bien llega a respuestas muy equivocadas. Y creo también que estamos cayendo cada vez más en una sociedad que no quiere mirar más allá de los pequeños detalles del día a día. Nos centramos en nuestras pequeñas satisfacciones personales y en nuestros pequeños conflictos puntuales, pero parece que hayamos dejado de mirar al futuro, a dentro de diez, de cien años.

No tiene mucha relación con esto, pero hace un rato me he encontrado leyendo el enésimo comentario sobre virus, violencias, causas de muerte y, también, del suicidio. Y al verlo me he dado cuenta otra vez de un detalle que ya había notado antes. Asociamos siempre y sin discusión la relación del suicidio con las enfermedades mentales. Pero ¿es así realmente? ¿Es la falta de esperanza una enfermedad mental? Aunque no dudo que una buena parte de los suicidios pueda estar relacionada con enfermedades mentales, personalmente no creo que la falta de esperanza, la angustia vital, la tristeza de sentir que como sociedad caminamos sin rumbo, deban considerarse enfermedades mentales.

Lo que creo también es que la forma de tratar a las personas en esas situaciones, es hacer como sociedad que la vida merezca más la pena.