Tinselcity

Hay una historia que, aunque no escondo, no suelo contar en el entorno de mi carrera profesional. Como digo, no la escondo, pero tampoco tiene ninguna relación, y así ha ido quedando en el olvido… o más bien, solo en el recuerdo de unos pocos de los que la vivimos, aunque otros muchos vivan en las consecuencias.

Hace ahora algo más de 25 años, yo dedicaba una buena parte de mi tiempo al manga y al anime. En aquella época esto apenas estaba empezando a abrirse mercado en España, entre el dominio casi completo en kioskos y tiendas de cómics de los superhéroes americanos -y un poco también de cómic europeo, claro-. Empezaron a aparecer algunas series en televisión y a publicarse tímidamente algunas cosas que venían a través de publicaciones previas en Estados Unidos. No me interesa demasiado cómo fue la historia del crecimiento de la popularidad del manga, pero sí creo que hay que dejar claro que, sobre todo al principio, aquí apenas llegaba nada y lo que llegaba era sin apenas ruido.

La historia que sí me interesa fue unos pocos años después, mientras yo empezaba a trabajar escribiendo C para satélites y estaciones de seguimiento. Ya había hecho un buen número de amigos con otros aficionados y, una vez a la semana, nos juntábamos a tomar algo a última hora de la tarde. De ahí salieron muchas cosas. Alguno terminó trabajando en el sector, unos traduciendo, otros publicando revistas. Incluso conocí alguna que, con el tiempo, publicaría sus cómics, y otro que juntando sus dos aficiones -cómics y ordenadores- ahora trabaja desarrollando una aplicación para gestionar colecciones de cómics… :)

Otra de las cosas que salió de ese grupo fue que una de esas tardes mientras nos lamentábamos de que al tener todas las editoriales sus sedes en Barcelona, tanto el Salón del Cómic como el recién nacido Salón del Manga, se celebraban allí, mientras en Madrid no había nada, alguien repitió una vez más lo que ya habíamos dicho tantas veces: “Debería haber algo aquí. Aunque no fuera un Salón, aunque fuera algo más pequeño”. Ya se habían hecho cosas así en otras ciudades, como Zaragoza o Marbella.

Y podría haber quedado en ese simple lamento repetido ya tantas veces, pero esa tarde alguien, no sé si por encontrarse de un humor especialmente bueno o por qué otra razón, contestó simplemente con: “Hagámoslo”. Y luego con un “No, venga, en serio. Solo no se va a hacer. Hagámoslo nosotros”. E incluso con esas palabras la cosa podría haber quedado ahí porque enseguida surgen las pegas y las dificultades, pero para entonces ya estaba decidido.

Durante los siguientes meses fuimos buscando primero un sitio donde hacerlo (un centro cívico en el Sector 3 de Getafe), luego alguien que nos hiciera un cartel chulo, sencillo y barato (aún tengo un par por ahí), luego conseguir contenidos, películas que poner, cómics, lo que fuera (todo el mundo aportaba lo que podía conseguir). Y luego un montón de cosas más, claro. Hubo que alquilar algunos equipos, porque de un par de televisores y vídeos podíamos aportar nosotros pero proyectores, laserdisc o aire acondicionado era más complicado… Hablamos con tiendas para que pusieran dos o tres stands (bueno, más que stands, mesas, que se consiguen más fácilmente) y para que nos dejaran poner el cartel en sus tiendas hasta que llegara la fecha. Y luego, a principios de Julio, ocurrió todo en un fin de semana de locura en el que contamos -aproximadamente- unos dos mil asistentes, y con la venta de agua y refrescos conseguimos cerrar sin pérdidas y sin cobrar entrada. De ahí luego surgirían más jornadas, asociaciones, y otras muchas historias -buenas y no tanto-.

Dos mil asistentes. Quizá algo menos, 1800. Da igual, ese número me sigue llamando la atención incluso hoy. Éramos unos 15, sin ninguna preparación ni idea de lo que estábamos haciendo. Y de alguna forma conseguimos montar un evento de un fin de semana con casi dos mil asistentes. ¿Fue fácil? No, claro que no. Si dijera otra cosa mentiría. ¿Salió todo bien? Ni mucho menos. ¿Hubo problemas? Evidentemente. Pero a pesar de todo eso, siempre salimos adelante. No puedo negar que hubo también costes personales que pasarían factura más tarde. Pero incluso así, que 15 personas, entre 20 y 25 años, sin más que nuestras ganas por hacer que aquello funcionara, consiguieran hacerlo, siempre ha sido algo que me hace pensar.

Sobre todo porque, incluso apreciando el enorme esfuerzo de algunos, no creo que ninguno de nosotros fuera nada especial. Creo sinceramente que cualquier otro grupo -con ese mismo esfuerzo e interés, eso sí- podría haberlo hecho igual de bien o incluso mejor. Y más aún, porque creo también que lo más importante de todo, la clave para que aquello funcionara, estuvo -además de en ese esfuerzo- en la total falta de pretensión que teníamos.

Desde el principio, desde aquella tarde alrededor de unas cervezas y unas patatas, el planteamiento fue siempre claro: No pretendíamos hacerlo perfecto, lo que pretendíamos era hacerlo. Y así lo hicimos en un centro cívico que era un antiguo colegio infantil, con las instalaciones que pudimos conseguir, no en un palacio o en un teatro o en un auditorio. Con un par de proyectores y haciendo las pantallas nosotros con telas, no con un sistema profesional. Y no se grabó nada… La gente haría sus fotos, claro, porque querían hacerlas, pero no había un fotógrafo. Ni preparamos pegatinas de nuestro logo -que no teníamos-, sino que conseguimos que alguien que conocía a alguien nos imprimiera un cartelón grande para poner en la entrada y lo colgamos como pudimos. Todo eso era accesorio y así lo sabíamos todos, y por eso preferíamos centrarnos en que, por ejemplo, se proyectara una primicia como Mononoke Hime subtitulada, o que se vieran otras cosas que tampoco eran nada fáciles de conseguir ver, o se pudiera acceder a una biblioteca a leer manga que -aún- no se editaba en España.

No fue mérito mío en ninguna medida, pero recuerdo haber estado ahí porque creo, y creo que soy bastante objetivo al decir esto, que de ahí y de otro puñado de actividades más que haríamos antes y después toda una serie de gente con interés pero sin pretensión, evolucionó la afición que compartíamos y creció llegando a lo que es hoy, una afición asentada y que es varios órdenes de magnitud más extensa.


El sábado pasado fui a un open space de programadores. Y vaya por delante que no tengo nada en contra de nadie y me parece muy bien que cada uno haga las cosas como quiera. Es más, no creo que estuviera mal organizado, en absoluto. No es algo que sorprenda demasiado si tenemos en cuenta que, claro, lo organizaba una empresa y lo hacía en sus instalaciones, con salas específicamente diseñadas para eventos. Y había pantallas enormes, y un fotógrafo, y desayuno y comida con camareros. Y cada persona que daba una charla recibía “un detallito” (no lo vi bien, no sé si era una tablet, un ebook, algo así). Y cuando llegabas te daban una mochila de esas con logotipo con unas agendas con logotipos y cuadernos y bolis con logotipos de los patrocinadores. Unos 200 apuntados y según me comentaron, algunos menos asistentes, quizá 120-150.

Echando un cálculo rápido, solo de los gastos en consumibles -comida, regalitos, detalles-, es decir, dejando a un lado lo que es el gasto más grande -instalaciones y equipos-, diría que llega a unos 6.000€ fácilmente y tirando por lo bajo. Esto para que algo más de 120 asistentes tuvieran un rato del que, sinceramente, dudo bastante que la mayoría guarde algún recuerdo, no ya dentro de 20 años, sino de 20 días.

Insisto en que estaba todo muy bien organizado, eh. Y podría decir más: Las personas que dieron las charlas, las llevaban bastante bien preparadas1). En serio, todo muy profesional.

Eppure… Algo falla. Porque, como decía, dudo que haya producido nada más allá del breve tiempo que duró. Es más, he estado acudiendo a algunos eventos y charlas este último año, y tratando de seguir en lo posible aquellos a los que no podía asistir, y me temo que mi impresión es extensible a la gran mayoría de ellos. O peor, algunos eventos que tienen o quieren tener un alcance mayor -a nivel nacional, o en algún caso incluso más allá-, sí que tienen algún impacto, pero muy rara vez ese impacto tiene alguna consecuencia positiva para el progreso de la profesión.

Hoy por hoy, gran parte del esfuerzo se centra precisamente en esa profesionalidad, en hacer que el evento sea bonito y esté bien organizado. Lo oigo continuamente. “Qué perfecta la organización de tal”, “qué estupendo el sitio de cual”, “qué bien montado pascual”… cuando no es directamente lo buena que es la comida o lo chulas que son las pegatinas que regalan. E incluso cuando se oyen comentarios sobre el contenido, sobre lo que se supone es el núcleo, el interés fundamental, este suele ser el banal aplauso mutuo entre amigos y conocidos que se fijan más en lo bien que le cae la persona que da la charla que en lo correcto, interesante o útil que sea la propia charla en sí. Y con eso tenemos a los mismos ponentes hablando de las mismas cosas una y otra vez, charlas banales que repiten las ideas oídas a otros, o que disfrazan con una presentación divertida la escasez de utilidad. Eventos cada vez más grandes, más profesionales, a los que no necesariamente acuden por el contenido de las charlas, sino por quién va, o, en algunos casos: “Vente por el futbolín, el arcade retro y la Jenga tamaño Hobbit”. Ah, en fín…


Aunque aún perviven algunos pequeños clubs y asociaciones de aficionados, y algunas hacen algo de vez en cuando, hoy en día existen un par de empresas que, profesionalmente, organizan los pocos pero regulares eventos relacionados con el cómic o el manga. Vas a un recinto de convenciones profesional, pagas tu entrada, hay stands profesionales, proyecciones bien organizadas… Lo entiendo. Es más creo que en la situación actual de la afición, es lo apropiado.

Mientras tanto, hay grupos y eventos de programadores a puñados. Hay conferencias y convenciones cada mes, seguramente más. Y detrás de la mayoría hay empresas poniendo dinero en que estén bien organizadas y profesionalmente organizadas. Y cada vez menos veces ocurre que lo que haya sea unas pocas personas que, sin importarles lo bien organizado que esté o que haya pizza gratis o no, ponen todo su empeño en dar algo que a la vez sea útil e interesante y que realmente produzca un impacto positivo en el progreso de la comunidad de programadores.

1)
Esto me plantea algunas otras dudas, pero son historias completamente al margen que no interesan en este momento