Tinselcity

Hace unos 16 años aproximadamente, empecé un nuevo proyecto en Indra.

En realidad el proyecto nunca llegó a llevarse a cabo. Solo hicimos la primera fase, que era cerca de un 30% de la aplicación, y luego el cliente decidió que no la quería. O que no la quería pagar, no sé. Nunca llegaron a decírmelo claramente. Pero esa no es la parte de la historia que me interesa. Lo interesante es cómo hicimos esa primera fase.

Me llevaron al proyecto porque había trabajado en otro parecido y tenía la experiencia que el equipo que habían montado no. El equipo eran tres personas. Diana, la jefa de proyecto, muy buena en lo suyo y con conocimientos de Java razonables, aunque no fuera programadora. Reginald, un desarrollador bastante bueno, con mucha experiencia en C++ pero apenas nada en Java y menos aún en web. Franklin, un segundo desarrollador con un par de años de experiencia trabajando en web con Java y JavaScript. De los tres, ya conocía a Reginald, que llevaba tiempo en la empresa en un proyecto cercano al mío, y sabía que era bastante bueno con C++ y que aprendía rápido. A Diana no la conocía apenas. La había visto de pasada alguna vez, pero enseguida me di cuenta de que también aprendía deprisa y que también era buena llevando el proyecto. Franklin era nuevo, había entrado para este proyecto cuando habían empezado un par de semanas antes. Franklin producía código pero… No sé, algo no terminaba de encajar.

La verdad es que el proyecto era relativamente sencillo. Struts, un puñado de formularios, un puñado de listados y búsquedas y poco más. Eso sí, iba muy, muy justo de tiempo. Bueno, no, iba con una fecha de entrega de esas que sabes que son ridículas, pero que si todo sale absolutamente perfecto quizá se podría alcanzar. Así que ahí estuve dos meses de desarrollo sin pausa. 4 personas sacando todo lo mejor posible y sin cometer errores para no perder tiempo.

No todo podía salir bien, claro, pero en general tampoco salía mal. De vez en cuando había pequeñas cosas que encontrábamos en el código que, bueno, no sabíamos muy bien porqué estaban así porque claramente eran copia y pega de otras cosas que no tenían nada que ver. Pero no teníamos tiempo para pensar en cómo había pasado eso. Cuando encontrábamos algo así pues oye, se re-escribía y se arreglaba. Pero era raro. Y con Franklin de vez en cuando teníamos algunas ocasiones en que parecía que algo no iba bien. Hablábamos de hacer algo o explicábamos la siguiente tarea. Franklin asentía con firmeza y confianza, pero de algún modo luego necesitábamos explicarlo otra vez, con más detalles, porque no lo había terminado de coger. Se esforzaba pero por algún motivo el resultado no parecía encajar con lo prometido.

Cuando quedaban un par de semanas o poco más, nos dijeron que Franklin se iba. Inmediatamente. Ese era su último día. Franklin nos pidió que nos reuniéramos cinco minutos solo nosotros cuatro. Y ahí, en una pequeña sala, Franklin confesó. No tenía dos años de experiencia en Java. Ni en web. Ni tampoco un año. De hecho, hasta mes y medio antes no había hecho nada ni con uno ni con otro. Tenía un par de años de experiencia en COBOL, pero por circunstancias de la vida, y de un hijo recién nacido, se había encontrado teniendo que conseguir un trabajo como fuera, mientras encontraba uno de COBOL. Ahora lo había encontrado. Pidió disculpas y se fue.

A pesar de todo, conseguimos entregar el proyecto a tiempo y bien terminado. Con más estrés y más trabajo, porque no podíamos ya traer a otra persona, pero lo sacamos.

No me acuerdo Pero desde entonces, he encontrado unas cuantas ocasiones en las que al tratar con algún desarrollador nuevo, no he podido evitar acordarme de Franklin y preguntarme si este también habría mentido en su entrevista, si sería verdad que tenía los X años de experiencia que decía. He visto también a algunos trepar con mentiras y juegos de espejos y humo. Y puedo entender una situación de necesidad desesperada, pero a veces… a veces se me hace muy difícil distinguir a quien lo hace “por necesidad” de quien lo hace para aprovecharse de los demás. O quizá no tan difícil, porque quien lo hace por verdadera desesperación, casi siempre tiene el detalle de esforzarse. Los demás, generalmente, pasan de hacer siquiera el mínimo esfuerzo.


A veces pienso en esto. ¿Fue, simplemente, “culpa de” Franklin? ¿O quizá es un fallo del propio sector? En parte, no me interesa mucho buscar culpables, pero realmente he visto esto en suficientes ocasiones como para empezar a pensar que no puede ser solo cosa de algunos “listillos” que se aprovechan1), que realmente hay algún problema más general y sistemático.

Por otro lado, no creo que la solución sea la de exigir a los candidatos que inviertan 82) horas a fondo perdido programando para demostrar su capacidad. Y además eso es solo una parte del problema; también las empresas mienten cuando presentan su oferta.

Idealmente3) las personas seríamos responsables y no nos mentiríamos unos a otros. Pero eso parece que ya lo dejamos atrás hace mucho tiempo, lamentablemente. Es posible hacer buenas entrevistas y procesos de selección. Estoy convencido de ello. Pero también lo estoy de que hacerlo es difícil, especialmente a ciertas escalas4).

Así que… no sé, realmente no sé si se puede evitar a gran escala este “fraude”. Lo que sí sé, es que así solo conseguimos hacernos daño todos, como sector, como profesionales y como personas.

1)
por el motivo que sea
2)
o más
3)
Ingenuamente, si preferís
4)
Demasiado grandes o demasiado pequeñas