Tinselcity

Experiencia y Madurez

Recuerdo que hace cosa de un año y pico o así, escribí una pieza un tanto extraña sobre alguien que empezaba a dar charlas en conferencias técnicas. Alguien que conocía y de quien sabía que si estaba ahí no era precisamente por tener una gran experiencia ni conocimiento técnicos.

Hace un rato he encontrado por casualidad que parte de lo que predije ha ocurrido tristemente como esperaba. Ahí sigue dando charlas, la misma charla con ligeras variaciones en realidad, por diversas ciudades del país. Y la charla sigue siendo igual. Igual de terrible. En un momento dado me ha robado una sonrisa triste un comentario, al margen de la charla, en el que ha hecho referencia, como si fuera algo especialmente relevante o abultado, a su experiencia. “En mis seis años de experiencia, una vez más me encuentro…”.

Y he estado pensando un poco en otra cosa que vi hace unos días. El típico y ya cansado artículo sobre “qué es un desarrollador senior” que empieza a soltar toda una serie de tópicos que caen bien en el cubo de las inutilidades bien en el de las obviedades. Y entonces he caído yo en algo: confundimos experiencia con madurez, y quizá ahí está una gran parte del problema.

Uno puede haber tenido muchas experiencias. Tanto “muchos años” como “muchas experiencias”, sí, para aquellos que quieran señalar el tópico de que los años no son lo mismo que la experiencia. Bien, uno puede haber tenido esas muchas experiencias… y seguir estando inmaduro. Y si no ganas esa madurez, entonces es cuando tu experiencia vale poco o nada.

Y me he quedado pensando también en cómo nos vemos a nosotros mismos. O cómo nos creemos de forma inconsciente. Porque quizá la clave para evaluar esa madurez esté ahí. Un principiante realmente no sabe cómo es. Sabe que no sabe, pero cree que todo lo puede con sus ganas y su energía. Sabe que no tiene la experiencia, pero cree que tiene la razón y la capacidad.

La siguiente fase, en la que aún no hay madurez, es cuando cree que “ahora ya sí”, que ahora sí que sabe un montón. Y aunque no lo diga abiertamente, o incluso aunque abiertamente diga lo contrario en esa especie de teatro de la falsa modestia, inconscientemente se le escapan comentarios como ese. “Bueh, en mis cuatro años de experiencia he visto….”. O como cierto Arquitecto que conozco que dice que “a mi hacer las cosas bien me sale de forma natural”. O que se ponen títulos rimbombantes en sus presentaciones o biografías. Raramente alguien va a decir abiertamente -y seriamente- que es perfecto. Pero así de forma subconsciente, es fácil que se le escapen esos detalles que muestran que sí, que realmente creen que ya, que ahora sí que saben un montón.

Y luego está la madurez. Y sinceramente creo que te das cuenta de que alguien ha alcanzado suficiente madurez no ya cuando vuelve a darse cuenta de que no sabe tanto. No, no es exactamente eso. Más bien creo que un programador merece llamarse “maduro”1) cuando realmente no le dan importancia a esas cosas. Saben que saben ciertas cosas. Saben que no saben otras. Lo reconocen sin problema. Pero incluso más relevante es que no se preocupan por ello. No hablan de lo mucho o poco que saben o dejan de saber. Se preocupan más por hacer lo que sea que hay que hacer y hacerlo bien.

El resto… el resto es show y palmaditas en las propias espaldas.

1)
mejor que “senior”